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mi amiga, mi hermana y yo

Lunes, Septiembre 1st, 2008

nrie sin dejar de ver semejante maravilla pero no dice nada. Entonces Katina la toma de la cintura mientras la voltea de espaldas a ella y le dice; “¿O quieres que te de primero una cojidota?”
Se le pega por detras masajeandole las tetas y empujandola con la panocha, y le sube las manos y las baja por delante y Dora retorciendose y moviendose y Katina llega con una mano hasta la pucha de Dora, le mete dos dedos y luego se los lleva a la boca de Dora metiendolselos en la boca diciendole; “¡quiero que seas una pinche puerca!”
Y Dora, uuummmm…..uuuummmm….uuuummmm….
No aguanto y me le acerco a Dora por delante y la empiezo apretar con mi pucha al tiempo que beso en el cuello, le muerdo un pezon y grita, no le doy importancia y continuo pero Katina le dice; “Muerdela Marcela, que le duela, luego te va a decir que la muerdas mas fuerte”
Dora estaba como loca y alcanzo a decir; “la cama….vamos a la cama….”
Nos separamos y Katina dijo; “Yo nunca me he rasurado, dejenme ver como se les ven sus colas”
Nos sentamos en la cama recargadas en la pared, una al lado de la otra con las piernas dobladas y separadas. Katina frente nuestro hincada rozandonos las rodillas con su pucha.
Asi como estaba se veia buenisima, sus piernas se le veian enormes y muy fuertes y las nalgas duras. Se veia poderosa, como poseyendonos a las dos.
Nosotras ahi jadeando, volteandonos a ver con las caras rojas de ese infinito placer que yo nunca habia sentido.
Katina estira los brazos y empieza a acariciar nuestras verguitas, nuestros clitoris parados al maximo mientras nosotras nos retorciamos y nos empezabamos a dar la lengua.
Me queria comer a Dora y ella a mi. Y Katina diciendonos de cosas; “¡¡¡Parecen una putas!!!
Y yo le decia;¡¡¡ sigue piche depravada, te estas chingando a tu hermana!!!…¡chingame cabrona!
Y Dora; ¡Pinche Marcela que putas somos!, ¡quiero chuparte tu cosita!
Y Katina; “¡Par de manfloras, cojanse, quiero ver como se cojen!”
Diciendo eso me mete a mi dos de sus largos dedos y empieza chingarme al tiempo que con el pulgar me acaricia mi verguita toda parada y yo viendola ahi frente a mi, con las piernas separadas mostrando su gigantezco clitoris que le sale entre los pelos. Ese clitoris que me llama como ordenandome que lo chupe.
Katina continua con las dos, volteo a ver a Dora y esta retorciendose con los ojos cerrados, bajo la vista hasta su colita para ver como Katina la esta trabajando y veo como esta inchadisima y abierta.
Katina saca sus dedos de Dora y me los pone en la nariz y yo los busco como loca con mi boca, ¡quiero probar a Dora!
Yo ya no aguanto mas y le digo a Katina, ¡mas Katina, mas!, ¡no pares cabrona…chingame…chingate a tu puta hermana!
Siento que me voy al cielo y le agarro la mano para que no se detenga, me arqueo y me vengo en un super-orgasmo que me deja temblorosa y semi-dormida.
Se me empieza a pasar y volteo para ver que estan haciendo ellas y veo como tiene Katina a Dora: Acostada con las piernas bien abiertas diciendo; “¡Pinche Katy, que chingona eres!”…”¡asi…asi…mas…mas,dame mas!”
Yo ver a Katina desde atras embrocada sobre Dora, le veo sus nalgotas enseñandome su culo y su panocha abierta desde donde se asoma su verguita de seis centimetros llamandome, ordenandome que vaya a chuparlo.
Eso hace que me empieze a sentir caliente de nuevo, veo como Katina se mete un dedo a su pucha mientras Dora inicia su viaje al paraiso con un estremecimiento que pronto la hace quedar como flotando, sin hablar, solo gimiendo.
Katina se separa quedando parada sobre el colchon y nos dice; “¡Que cojidota les di!”
Y agrega; “¿Cual de las dos me va a chingar primero…. o las dos juntas?”
Yo no he dejado de verle su clitoris que no a dejado de asomarse entre sus labios colorados y abiertos.
Me paro junto a ella y la abrazo sintiendo su cuerpo todo sudado y caliente, ella me coge por la cintura y yo le paso mis brazos por sus axilas para abrazarla por atras de sus hombros. Nos apretamos y nos besamos, retiro un poco la cabeza para ver como le sale su lengua buscando la mia, la atrapo entre mis labios y la empiezo a chupar como si fuera una verga y le digo; “Asi voy a chuparte tu clitoris”
La volteo de espaldas a mi y le empiezo a apretar sus tetas y a sentir sus enormes pezones levantados.
Suavemente la empujo hacia el colchon y ella se deja caer quedando baca.abajo y yo encima de ella sintiendo sus recias caderas y su cuerpo caliente y mojado.
Empiezo a moverme con un ligero vaiven al tiempo que le digo;”¿Asi querias que te cogiera?”
Siento sus nalgas bajo mi rasurada colita, bajo una mano y me la meto en mi panochita para mojarmenla un poco y luego busco el culito de mi hermana, le acaricio la entrada con mi dedo mojado y la oigo gemir. Le meto la puntita de mi dedo y la oigo hacer; “uummmm” y luego resoplar.
Bajo la mano un poco mas hasta llegar a su inchada panocha buscando su cosota y al tocarlo vuelve a resoplar mientras yo le paso mi lengua por el cuelo y la espalda susurrandole”¿Quieres mi lengua ahi…quieres que te chingue tu verguita con mi lenguita?”
“Ss…ssi”, contesta
“Volteate pinche perra,…te voy a chinhar cabrona puta”
Docilmente se voltea y queda tendida frente a mi com las piernas recogidas y bien abiertas mostrandome sus sexo que esta abiertisimo y rojisimo desde donde sale erguido, como orgulloso su tremendo clitoris bien duro y tambien rojisimo.
Me inclino y de detengo con mi nariz pegada a semejante manjar.
Lo huelo y me impresiona su tamaño, quedo extasiada ante tanta belleza, tanta obsenidad.
Lo miro y siento como que es él quien me ordena que me lo introduzca a mi hambienta boca, como que si fuera él quien me fuera a penetrar, a poseer por mi boca.
Lo beso suavemente y lo siento duro, palpitante. Me lo voy introduciendo y lo voy gozando al sentir como se me desliza entre mis labios. Es como si tuviera vida propia y fuera él el que me poseyera y yo prestandole mi boca para que me cogiera por ahi. Lo empiezo a lammer con mi lengua y de pronto Katina ya no importa solo él y yo, ese tremendo clitoris con sus seis centimetros y mi lengua, haciendose el amor, chingandose mutuamente. Siento como Katina se arquea y gime, susurrando;¡mas…mas…asi…asi, pinche Marcela!
La tomo por las caderas mientras mis chupadas son mas fuertes y veo como Katina inicia su viaje a una explosion intensisima, diciendo; “¡Ya…ya…ya…ya voy…voy…voy…voooooyyyy!
Y temina sacudiendose toda, retorciendose toda, abriendo la boca, jalandome el pelo.
Diciendo; “¡¡¡Que cogidota me diste, eres una puerca puta!!!”
Me retiro sonriendo, complacida por mi labor.
Me acuesto sobre ella y le lleno de besos la cara, le muerdo suavemente los labios entre-abiertos y le digo; “¿te gusto…sentiste riquito…te gusto como lo hace la puta de tu hemana?”. Ella solo sonrie y me aprieta con sus brazos.
Me levanto y veo a Dora que me dice; “Que depravadas son…ya estoy bien caliente nada mas de verlas”
Yo me le acerco preguntandole; ¿en serio?
La empujo hacia atras para que quede tendida en la cama a mi disposicion, ella no ofrece resistencia y me subo sobre ella, la agarro por los hombros y empiezo a mover mi panocha rasurada sobre la de ella al tiempo que le doy besitos alrededor de su boca y le digo cositas; “¿Quieres que te coja putita…. te hago sufrir, eh?”
“¿Te hago lo que le hice a la cabrona de mi hermana…quieres eso?”
Y ella; “¡Sss…si…siii…siiiii!” , “¡andale perra, ya chingame!”
Yo le paso mi mano por su panocha y se la toco toda mojada hasta afuera, resbalosa y lisa.
Me deslizo deteniendome en sus tetazas y le chupo un poco sus pezones parados y gordos, le muerdo uno hasta hacerla gemir y esto hace que me diga; “¡mas…muerdeme mas fuerte!”
Yo lo hago, le muerdo sus pezon toda parado y sigo mi viaje por su caliente cuerpo hasta llegar a su rasurada y resbalosa panocha.
Tiene la pucha bien abierta y muy roja y su clitoris parado y tan grueso como sus pezones.
Le paso mi lengua por toda su panocha y sus jugos me enervan mas aun, me enloquece estar haciendole eso a esta puta perra de mi amiga.
Le presiono sus hinchados labios con mis labios junto con pequeños lenguetazos y ella gime y se arquea ofreciendome su verguita palpitante. Me detengo para verle su parado clitoris y me le lanzo a lenguetazos y ella comienza a gemir como loca y a resoplar, yo le doy mas y mas y se lo chupo y me bajo para alcanzar su culito tambien mojado por los jugos que le escurren desde su pucha y me regreso a su clitoris para meterle mi dedo en su culito. Ella se mueve mas y mas hasta que suelta un fuerte “AAAAAA…….”
y queda como desmadejada respirando muy agitada.
Me subo sobre ella, le acaricio la cara con mis manos, le beso los parpados y le digo.
“Te traia ganas desde que me quedaba en tu casa a dormir…te me hacias re-buena”
Nos regresamos ayer. Hace rato fui con mis papas y Katina me dijo que una prima de su esposo se casa la proxima semana que invite a Dora a la boda.

mis gran deseo

Jueves, Agosto 28th, 2008

Ya nos habíamos besado y a veces tocado un poco, ya que ni ella ni yo teníamos novios por esos tiempos y bueno como mujeres adolescentes, necesitamos librarnos a veces de nuestros deseos.

Saludo a todos los lectores de esta Web. Para comenzar les cuento que vivo en México y bueno hace unos cuantos meses comencé a leer estos relatos que por cierto me ponen a mil. Me encanta pensar que soy la protagonista de las historias y que me encuentro con esa gente que le encanta el sexo.

Soy una mujer joven, tengo 20 y me llamo Verónica. Soy morena, cabello hasta la cintura, marrón y ojos ámbar, labios carnosos, piernas bien marcadas, pechos medianos y un trasero redondito. Me fascinan los hombres aunque también las mujeres y mi fantasía son las orgías.

Empezaré por contarles como fue mi primera vez y porque fue que me convertí en una adicta al sexo. Fue un día cuando fui de vacaciones a Río de Janeiro con una amiga. Llamémosla Laura. Ella es una amiga íntima, la conozco de suficiente tiempo. Ella es brasilera y lleva el pelo mediano, color marrón, ojos grandes y marrones. Tiene un traserito muy lindo, unos pechos medianos-un poco más grandes que los míos y tiene una piel muy suave. Esa noche estábamos muy aburridas y no sabíamos que hacer por lo que empezamos a inspeccionar toda la casa y de pronto encontramos unos videos-secretos en el armario de su tío, nos pusimos a ver unas películas. ¡Eran películas pornográficas!

Una de ellas mostraba a dos mujeres lamiéndose el clítoris, nos empezamos a poner calientitas, yo sentía que mi coñito se estaba humedeciendo y lo caliente que estaba mi amiga., fue cuando a ella se le ocurrió bajarme los pantalones y mi tanguita, yo no pude poner ninguna resistencia, estaba demasiado caliente, me pasó la lengua por mi rajita y eso me excitó de sobremanera. Comencé a gemir fuertemente. Aunque tenía miedo que nos escucháramos por lo que la paré antes de venirme. Le dije: Laura, ¿qué estás haciendo? Estamos llegando muy lejos A lo que me contestó con una sonrisa: te voy a hacer gozar y tú a mí; o haber dime que no te gusta. Yo le dije que: claro que me gusta, demasiado supongo quiero más, pero ¡me da vergüenza! Ella me dijo que era normal y que ella seguiría si después yo se lo hacía a ella. Nunca antes nadie me había dado un beso en el sexo. Antes de que ocurriera esto ya nos habíamos besado y a veces tocado un poco ya que ni ella ni yo teníamos novios por esos tiempos y bueno como mujeres adolescentes necesitamos librarnos a veces de nuestros deseos…

Nos gustaba fantasear que una de nosotras era el hombre, que éramos los hombres que nos gustaban y que teníamos nuestra primera vez sexo con ellos. A ella le encantaba dominarme y siempre quería que me desnudara y ella me tocara. Recuerdo una vez cuando estábamos en la facultad de medicina y ella me dijo que fuéramos unos minutos al tocador y cerró la puerta con llave, yo estaba en mis días, pero a ella no parecía importarle. Me miró, me besó la boca apasionadamente y me sacó y metió mi tampón con energía… después se sentó en el lavamanos y me dijo: chúpamela corazón, dame todo lo que quieras. Y como gemía, me encantaba, era una hembra en celo.

Pero volviendo al tema después de que ella me lo lamió y yo estaba empapada en mis propios fluidos agri-dulces yo estaba excitadísima y ella me dijo que me tocaba… pues lo hice y al principio me daba mucho asco, pero al poco le tomé el gusto y lamí con muchas ganas. Aunque hasta entonces era virgen, pero empezamos a hacer el 69 y mientras lo hacíamos nos masturbábamos con los deditos y después buscamos cualquier artículo con forma cilíndrica… Le decía – “Aaaay, mmmm, metémelo todo por favor, estoy ardiendo de placer. Y ella me hacía sufrir y esperar más.

Como me estaba muriendo por acostarme con un hombre en ese momento, imaginaba que era él, el que me estaba dando, pero al mismo tiempo pensé en mi amiga, que ganas tenía de ser cogida por los dos o en una orgía…era tan delicioso, me encantaba que me la chuparan y al mismo tiempo me dieran… y a ella también, nos masturbábamos con el mismo objeto. Me encantaba chuparlo. Me encantaba sentir mi deseo, mi excitación y mi sabor. Mmmm que delicioso era el sabor de mi amiga, agridulce… que lo metiera y sacara rápido de mi conchita.

Después de esa noche y las vacaciones increíbles ya no pudimos parar de tocarnos los pechos, besarnos todo y amarnos, nos la pasábamos viendo de ocultas videos porno o leyendo relatos eróticos. Un día yo me excité tanto que le pedí que me metiera algo grande y ella lo hizo con fuerza hasta que se rompió mi himen., yo me sentía rara por que siempre pensé que eso debía haber pasado con un hombre, pero no importaba ya que mi placer era tan grande por lo que no me había dolido nada. Laura empezó a gemir: - “Así, así, más adentro” - “Comételo todo Vero” - “Vamos mete más la lengua”Nuestros muslos empezaban a temblar porque estábamos por llegar. Ella jugaba con su lengua, me hacía una U por mi húmeda vagina y eso me ponía a mil, pero necesitaba sentirme penetrada y ella agarró una cuerda, me amarró las piernas y las manos y me dijo: “esto te va a gustar zorrita” Y me metió un dedito en el culo -ay que dolor, pero me gustó. Le decía: -“más rápido Laurita” ¡Dame más por favor! Y fue entonces cuando noté que estaba sangrando y que ya no era virgen. Y después hice lo mismo con ella, pero la azoté un poco porque merecía un castigo ya que no había sido muy cuidadosa conmigo.

Nos encantaba dormir juntas en la misma cama y tener mucho placer la una con la otra. En la noche siempre estábamos muy activas aunque durante el día cuando veíamos “una película” pornográfica también. Ahora ya no nos acostamos juntas porque cada una tiene un novio y otras amistades, pero nunca podría olvidar esa experiencia tan deliciosa. Solo esa vez dormí con una mujer y debo decir que somos nosotras las mujeres las más dulces; nos dedicamos a dar placer y hacerlo con mucha delicadeza. Cuando estoy con hombres no es lo mismo ya que hay lastimosamente muchos que solo piensan que es el mete saca; claro que no todos, pero una gran mayoría y hasta ahora nadie me lo ha chupado como ella…. A veces la pienso y fantaseo con mujeres, pero cuando estoy con mi novio la olvido. Me gustaría hacer un trío, así tendría dos que me llenarían de placer. Ella se dedicaría a darle placer a mi clítoris y él a darme como más le gusta.

mis vecinas lesbianas

la criada filipina

Lunes, Agosto 25th, 2008

Vivo en Madrid y me llamo Paula. Tengo 30 años. Estoy divorciada y no tengo hijos. Yo creo que la causa de mi divorcio fue el trabajo tan estresante que tengo. Me casé muy enamorado de mi marido, y yo creo que él también de mí. Él tenía un trabajo mucho más relajado que el mío, pero no por ello sin problemas. Yo aportaba más dinero a la casa, y eso tenía a mi marido acomplejado. A los dos años de casados, me dejó por una compañera de trabajo.

Mi trabajo, como digo, es muy estresante, y como no tengo dificultades económicas, me planteé el contratar a una chica para que me hiciera el trabajo de la casa, a pesar de lo poco que me suponía, en fin: lavar mi ropa, hacerme la comida y la limpieza de un piso que apenas lo piso.

Puse una oferta en un agencia y me llovieron las chicas, pero era disparatado el precio que me exigían. Había una que sí me convenció. Era una chica filipina o vietnamita, no lo sé. Comprendía bien el español, pero lo hablaba con mucha dificultad. Aquella chica pedía un sueldo de cuarenta mil pesetas, y a cambio se quedaba interna en la casa.

Esta chica, que se llama Who, era una muchacha de 18 años, cuerpo muy delgadito, y yo le sacaba la cabeza. Su pelo era negro y lacio y su piel muy morena. Tenía una boca de labios largos y delgados, y la nariz y los ojos de las orientales. Sonreía continua y humildemente. Comprobé que los papeles estaban en regla y firmamos en la agencia el contrato de trabajo.

Yo soy rubia y de piel bastante Clarisa. Mis ojos son marrones claros y se puede decir que para mis treinta años me conservo bastante bien. Debe ser debido a la dieta y beber mucha agua, aparte del ajetreo diario del trabajo y a hacer algo de ejercicio los fines de semana. Mi trabajo me obliga a combinar el tono serio de mis vestidos con un toque sexy que me hace triunfar entre los hombres. Estoy muy orgullosa de mis cuerpo: unas tetas grandecillas pero bien puestas, una cintura estrecha, la barriga en su sitio, un culito respingón, en unas caderas anchas, y unas piernas largas pero gorditas.

Who se vino a trabajar conmigo esa misma tarde. Confieso que al verla, se me pasaron ideas muy raras por la cabeza. Nunca he tenido a nadie de aquella manera, digamos, a mi merced. La obligué a ponerse un uniforme para trabajar en casa. Era una falda por encima de la rodilla que debía acompañar con una pieza delantal que le cubría la parte delantera, como un uniforme del colegio. La regañaba constantemente por que me gustaba verla bajar la cabeza y responderme humildemente: “Chi senola, como uté diga, senola”. Me gustaba obligarla a repetir las labores de la casa. En definitiva, me desahogaba con ella por el stress del trabajo.

Un día la llamé para preguntarle por la ropa planchada el día antes. Ella se estaba duchando. “Vaya” pensé “No tendrá tiempo de ducharse cuando yo no estoy. La habitación donde Who dormía estaba junto a la cocina, y tenía anexo un pequeño baño con un plato de ducha. Entré en el baño despacio y la vi ducharse. Tenía un cuerpo delgado, pero a pesar de ello, muy bien formado. Sus piernas eran regordetillas y algo cortas. Sus tetas eran pequeñas y pegadas a su cuerpo. Su pezón oscuro y diminuto estaba rematado en una punta desafiante. Esto me llamó la atención, pues mis pezones son rosados y grandes, y la punta no se distingue ni muchísimo menos como los de Who. Tenía una cintura estrecha y unas caderas anchas. Me descubrió mirándola. Yo para despistar le pregunté por la ropa, pues había olvidado las llaves en la chaqueta, seguro. Ella me lo indicó y luego, mirando, sonriéndome me dijo algo que entonces no comprendí “¿Quelel enjabonal espalda?¿Quelel?.

No comprendí lo que me dijo y no le hice mas caso. Ese día fue un día fatal en el trabajo. Así que vine súper estresada. Nada más llegar le eché en cara que se duchara por la mañana, pudiéndolo hacer cuando yo no estaba o levantarse antes. Me miraba con humildad. Por vez primera le miré a las piernas y me di cuenta que no llevaba medias. Le pedí la cena. La cena era un plato de comida asiático tradicional que lo rechacé casi sin probarlo. Who se entristeció y yo casi me alegraba de aquello. Con razón mi marido se separó de mí. Soy insoportable a veces.

Estaba sentada en el sofá, viendo la tele, y entonces me sorprendieran unas manitas delgadas que me tocaban en el hombro. Aquello era delicioso, que relax. Me entró como un sueño que me hacía olvidar de todos los problemas. Who me repetía desde detrás de mí :”Senolita descansal, senolita no ploblemas, yo masague senolita.” Me estuvo tocando los hombros y el cuello hasta quedarme totalmente relajada.”Tu, tensa, tu,tensa, Yo lelajalte”.

Me explicó que en su país, ella daba masajes a la gente, y de ahí la experiencia que tenía. La verdad es que lo hizo muy bien. Empecé a regañarle menos, pero me di cuenta que cada vez se tomaba más confianzas en la casa, utilizando la taza de la misma vajilla en que me servía yo el desayuno, comiendo fuera de las horas que tenía marcadas para comer. ¡Incluso a veces salía fuera de la casa los días laborables a comprarse chucherías al kiosco de la esquina!.

Yo no sé si esta actitud le venía de que le regañaba menos o de mi actitud hacia sus masajes. En efecto. Who comenzó a hacerme los masajes todos los días. Al poco tiempo, me convenció de que lo mejor era que yo me tumbara sobre la cama, de cara a la cama, mientras ella me daba golpecitos rítmicos con el canto de la mano y me apretaba los hombros y el cuello. Pronto me convenció de que era mejor hacerlo sin la camisa puesta. Ese día me dijo”Tu tímida, tu no ploblemas yo” y me desabrochó el sujetador.

Poco a poco me fui convenciendo de que era una experta haciendo masajes, así que no puse objeciones cuando se sentó sobre mí para hacerme los masajes sobre la espalda. ¡Qué poquito pesaba!. Sus manos se deslizaban por mi espalda, cada día un poco más lejos de la espina dorsal y más cerca de mis senos. No le daba importancia, como tampoco le daba importancia a que comenzara a relajarme pasando sus labios por mi espina dorsal. Era realmente relajante.”lengua mohada come tensión, tu dejal yo lamel columa velteblal ” .

Who comenzó a desvestirse y vestirse delante mía sin pudor. Se quitaba el uniforme para ponerse una bata cuando me recogía la cena, para darme los masajes. Aquella batita dejaba al descubierto sus muslos y un escote que le llegaba al ombligo, entre sus dos tetitas planas. Comenzó a darme los masajes de aquella manera. Yo sentía el calor de su entrepierna en mi zona lumbar. Luego sentía la textura de la bata sobre mi espalda mientras me lamía la columna y me mordisqueaba el cuello, a la par que sus manos acariciaban mis costados, rozando la parte mas exterior de mis senos.

El día que empezó a hacerme aquello, empecé a sentir una extraña excitación. Mi sexo comenzó a sentir el peso de la sangre acumulada, y Who, experta en este tipo de asuntos debió de notarlo, porque a partir de ese momento los acontecimientos empezaron a precipitarse.

Un día, Who, después de la cena, vino como siempre, con su mini bata. Me llevó a la cama, pues desde hacía tiempo era ella la que dulcemente me llevaba a la cama. Yo había tenido un día muy jodido en el trabajo y esperaba sus masajes con desesperación. Tumbada en la cama, volví la espalda hacia un lado y pude ver que Who se había quitado la bata, y solamente estaba en bragas. Unas bragas que me gustaron mucho cuando las vi. ¡Pero si eran mías!. Le recriminé con dureza que tuviera puestas esas bragas que me habían costado 5000 pesetas.

Who miró hacia abajo dubitativa. Yo proseguí regañándola y diciéndole lo a disgusto que estaba con ella. Who estaba a punto de llorar. ¡Ay como me hubiera gustado verla llorar!. Pero en lugar de eso, ella se recompuso y me pidió que la esperara. Vino con una de sus bragas. Eran unas bragas baratas, sin ningún atractivo. Se puso la bata y comenzó a darme masajes. “Tu hoy muy tensa, yo lelejalte,”. Comenzó como siempre con los golpecitos y los amasamientos de músculos. Luego su lengua comenzó a lamerme la columna y los hombros.

Sentí como me agarraba de los brazos y entonces, en lugar de sentir la bata, sentí sobre mi espalda el tacto cálido, blando y suave de sus pequeños senos, mientras sus besos se convertían en bocaditos en el cuello. Intenté deshacerme de ella, pero me fue imposible. Mientras más me movía mayor era el roce de mi espalda contra sus senos. Yo le pedía que me soltara”Who, ¿Qué haces? Me haces cosquillas”.

No eran cosquillas lo que estaba sintiendo. Mi conejo estaba mojándose por momento y Who lo sabía. “Tu tensa y excitada, Yo te doy lelax y plaser. Tu deja mí. Yo sabel. Yo mastulbalte, Yo hacer paja y tu quedal tlanquila”

Me negué en rotundo y conseguí apartarla de mí dándole un fuerte grito. ¡Que grandísima idiota fui! Who se levantó contrariada y abandonó la cama cabizbaja. Yo me quedé así de caliente. Esa noche no pude conciliar el sueño hasta que me masturbé tras acariciarme durante un largo rato, imaginando la escena de hacía unas horas. Me masturbé en un plan tan salvaje, que la cama de matrimonio se movía y todo de la manera en que mi cuerpo se convulsionaba por las caricias que mis dedos le prodigaban aquí y allí.

He de confesar que la costumbre de masturbarme la había perdido ya, hasta que Who comenzó a lamerme la espalda, pero nunca hasta ese día lo había relacionado con ella.

Desde ese día. Who no volvió a darme masajes. Tenía un actitud algo rencorosa conmigo. Yo estaba llena de orgullo y me iba a la cama sin decirle nada, aunque me quedaba esperando que ella apareciera de un momento a otro para continuar esa historia que habíamos dejado interrumpida.

Pasaron dos semanas en que empecé a volver a tratar a Who de una manera injusta y despótica, a pesar de su excelente comportamiento en la casa. Ella ni rechistaba y aguantaba las broncas con una proverbial paciencia. Era tan cruel que llegué incluso a insultarla, llamándole torpe y vaga. Creo que influyó tanto su negativa a continuar con los masajes como la peor temporada de trabajo de mi vida.

Su paciencia rebosó un fin de semana. Ella tenía derecho a unos descansos dominicales de medio día. Nunca los había tomado, pero la pobre, en vista de mi actitud, lo pensaba tomar. Yo se lo recriminé. “Nunca te has ido y ahora te vas. ¿Por qué? ¿Es que no estás a gusto en la casa?”. Me respondía políticamente. La amenacé: “¡Haz lo que quieras, pero si te vas a dar un paseo esta tarde, con la casa como está, es mejor que no vuelvas!”

La casa estaba impecable. Who no lo pudo resistir más y se fue a su habitación llorando. Se encerró durante toda la tarde y al final me conmovió. “Who, pequeña, no llores, cielo…Es que estoy muy estresada. Lo siento. Abre y perdóname, por favor”.

Who era una chica estupenda y no tardó en abrir la puerta con lágrimas en los ojos todavía. La abracé y la quise besar en la mejilla. Nuestras bocas se rozaron levemente. Mis pezones se erizaron. “Necesito que me des tus masajes”, le confesé.

Who comenzó a trabajar, mientras yo la observaba de reojo. Apenas si intercambiamos palabras. Yo intentaba romper el hielo, para ver el estado de Who, quería saber si me guardaba rencor. Me preparó la cena. Por vez primera consentí en que comiera a mi lado. Ella seguía callada a pesar de todo. Me preparé para dormir. No obstante, esperé un rato para ver si venía a hacerme los masajes. No vino. No lo aguantaba. Al día siguiente la echaría. Me desnudé, quedándome sólo con las bragas puestas, pues hacía mucho calor.

Me despertó la luz de mi cuarto que se había encendido. Lo primero que vi fue a Who, delante mía, desnuda totalmente. ¡Que bella y sedosa caballera negra le cubría el sexo! Me miraba con una mirada maliciosa. Pronto me di cuenta que mis manos estaban atadas las dos juntas, al cabecero de la cama.

“¿Qué haces?” le dije temerosa y excitada.

Who me contestó “Date vuelta, cala contla cama. Yo hacelte masague de puta madle. Tu tensa, yo lelagalte. Tu mujel nueva”. La obedecí. Who se sentó sobre mi y comenzó a menear sus tetas en mi espalda mientras me decía cosas increíbles “Tu putita. Yo sabel desde que yo vi tú en agencia” . Sus manos manoseaban mis nalgas, a las que previamente había liberado bajándome las bragas. Me movía las nalgas de arriba abajo y las separaba. Me daba bocados en el cuello, los hombros y me devoraba el lóbulo de la oreja. Yo insistía en que me dejara libre.”Tu follal conmigo. Tu desealme.”

Who me ordenó darme la vuelta, lo que hice con dificultad, por estar ella entre medio. Se colocó de rodillas entre mis piernas y se abalanzó sobre mí, comiéndome la boca primera, mientras amasaba y pellizcaba mis senos. Luego comenzó a comerme los pezones, alternando un ritmo suave de lametones, con una agresividad medida de mordisquitos. A estas alturas ya tenía las bragas súper mojadas.

Who debió de sentir mi humedad al clavar su rodilla en mi conejo, mientras restregaba sus tetitas contra mis pechos. Nuestros pezones tropezaban y se excitaban mutuamente. Sus manos me cogían de las caderas y oprimían mi sexo contra su pierna y no paró hasta que comencé a frotarme yo mismo contra ella. Sentía un calor en el vientre que me subía por la cabeza y me bajaba hacia la vagina. Me abandoné a Who y a mi propio orgasmo.

Le pedí que me soltara. Yo creí que todo había acabado ya, pero me equivocaba. Se puso sobre mi vientre, de forma que sus piernas colgaban a ambos costados. Sentí el suave pelo de su sexo sobre mi ombligo y su humedad. Me hizo una pregunta”¿Tu volvel amenazal con echalme?” . No le contesté y volvió a repetir su pregunta. Tras esperar mi respuesta me abofeteó. Me sentí humillada como había pretendido humillarla tantas veces. “No jamás volveré a amenazarte”, le contesté.

Entonces se abalanzó sobre mi cara y me dio un beso largo y me penetró con la lengua, mientras me mordía con sus labios. “Yo no acabal aún, tu gozal hoy mas que todo tu vida, zolita”

Comenzó a bajar por mi cuerpo, besando mis tetas y mis pezones, mientras sus manos no se separaban de mis tetas y mis pezones, me besó las costillas, el ombligo, la ingle, y al final, sus labios me mordieron el clítoris y estiraron de él como queriéndolo arrancar. Mi chocho comenzó de nuevo a funcionar. Su lengua lamió la raja de arriba abajo, y comenzó a golpearme el chocho. Intentaba profundizar en mi interior, para lo cual se ayudaba ahora de sus manos, que separaban los labios del toto y aprisionaban mi botón entre sus dedos. Tenía fuego en mis pezones y en el clítoris.

Sentía con temor la presencia de un dedo travieso en mi nalga. Mi excitación iba en aumento. Comenzaba a balancearme rítmicamente de nuevo. El dedo se acercaba por la parte baja de la nalga hacia el oscuro agujero. ¿Será capaz? ¿Lo hará?. Descubrirlo me provocó el segundo orgasmo mientras aquel dedo me hacía cosquillas entre las dos nalgas buscando el calor de mi ano.

“Por favor, déjame descansar y suéltame”, le pedí a Who. “De eso nada. Yo tlabajal mucho y tu no hacel nada. Tu solo lecibil. Ahola tu tlabajal”. Who fue subiendo a gatas por mi cuerpo y de repente se sentó de rodillas sobre mi cara. Yo tenía su coño en mi boca. No sabía que hacer. Who me agarró la cabeza con las dos manos y comenzó a moverla y moverse ella como más placer le producía. Su sexo estaba mojado y podía oler su fragancia deliciosa.

Pronto me di cuenta de cuál era su clítoris y lo lamía y besaba continuamente. Desde abajo, sus tetas parecían algo más grandes. Sus pezones destacaban como una cereza negra sobre sus tetas. Deseé tocarlos, pero no podía desatarme. La violencia de sus movimientos me comunicaba la cercanía del orgasmo. Who me cogía cada vez más fuerte de los pelos y sus jugos se esparcían por toda mi barbilla y mi boca. Se desplomó hacia atrás, cayendo sobre mis senos y entre mis piernas.

Yo pensaba que esto había acabado ya, entre otras cosas por que nunca había tenido antes más de dos orgasmos seguidos, Me equivoqué. “Esto tenel acabal mejol, Tu espelal, yo idea”. Esperé unos minutos, así atada, reflexionando y llegando a la conclusión de que aquello me gustaba. Vino entonces Who escondía algo en la mano. No descubrí entonces que era. Se sentó a los pies de la cama y comenzó a lamerme y comerme cada dedo de los pies. Luego, metió una pierna entre mis dos piernas y fue aproximándose a mí, con una pierna mía colgada sobre mi hombro, hasta que ambos conejos entraron en contacto, nuestros pelos se rozaban, nuestros sexos se mojaban mutuamente. Who comenzó de nuevo a menearse cíclicamente contra mí, y yo me dejé llevar por la inercia. Sentí un piececito diminuto posarse sobre mi pecho, y luego buscar mi boca, así que yo también le lamí los dedos de los pies.

Cuando estábamos metidas en faena, entonces Who sacó el objeto que había traído y no había conseguido descubrir que era. Era una zanahoria bastante larga. La colocó entre las dos, metiéndosela primero ella y luego, aunque yo me negaba, “No, eso no, no, no…” Me sostuvo de tal manera con sus piernas, que la otra punta entró en mí. Hacía año y medio que no me entraba nada, y fue un consuela aquello , Comenzamos a movernos como locas, la una contra la otra. Lo que una dejaba en la retirada, le entraba a la otra en la avanzada. Pronto nos volvimos a correr, esta vez, la una contra la otra y permanecimos así un largo tiempo… Desde esa noche, Who duerme conmigo en mi cama.

En el trabajo me va mejor. Yo creo que el no mojar contribuía a que me tomara las cosas en el trabajo que me producía un gran estrés.

Cuando llego a casa, descanso, y tras el descanso, Who me entrega el uniforme y ella se pone la bata. Me acerco a ella, que está sentada en el sillón, y ella abre las piernas para ofrecerme su tierno conejito. Después de comérmelo, deja que ella haga conmigo lo que quiera…

verano con mi amiga

Jueves, Agosto 21st, 2008

Aquí comienza mi “Historia”. No sé si será normal, si será una expresión natural del cuerpo o si será cualquier otra cosa, el caso es que no sé de que manera, comencé a sentir algo más especial por una de mis amigas. Es una chica normal, con el pelo rubio oscuro natural, liso que parece seda en las manos y el cuerpo bien formado, de caderas anchas aunque no exageradas y 1,70 de altura. Yo soy una chica normal de la misma estatura, pelo rizado natural, culo respingón y labios carnosos.
Nuestros ojos son marrones, los suyos son chocolate con leche, los míos son miel oscura. Sentía que esta amiga no me era indiferente; siempre quería estar con ella, me entristecía si no participaba de las cosas alegres del grupo, siempre la llamaba, siempre estaba pendiente de ella, era a la primera que llamaba para todo y a la que siempre acompañaba hasta su casa. Hasta ahí todo puede entrar dentro de lo normal, pero hubo una temporada en la que casi no nos vimos por novios y alejamientos laborales y entonces no nos despegábamos del messenguer hablando.

Llegamos a contarnos muchas cosas que hasta entonces no nos habíamos dicho en persona en cuanto a gustos sexuales, como nos gustaba que nos hicieran gozar, lo que más nos ponía, el poder experimentar con una persona del mismo sexo…. Total que fuimos cogiéndonos mucha más confianza de la que ya nos teníamos y decidimos un día, a pesar de la amistad, entregarnos un único beso en los labios, no un pico, sino un auténtico beso húmedo, por calentura de la conversación, por ir un poco más allá, porque nos subíamos por las paredes, que se yo, algo que en principio me apetecía muchísimo, y que luego cuando estábamos juntas ya no me apetecía tanto.

Algo raro, pero muy fuerte. Un día en una noche de verano salimos a la fiesta más cercana, rodeadas de amigas y amigos de todos lugares, pero nosotras siempre juntas. Yo siempre que podía la cogía de la mano y los guiños y actitudes cariñosas se repetían constantemente, como siempre. Me encanta su cuerpo, bien torneado, fruto de los muchos años de ejercicio físico, no por ello disminuyendo su feminidad que irradia por cada poro de su piel. Lo dicho, estábamos de fiesta y tonteábamos con los chicos aunque siempre estuviésemos juntas bebiendo y riéndonos, les calentábamos dándonos pequeños picos y dándoles algunos a ellos, pero sobre todo entre nosotras.

Todo esto pasaba hasta que sentí que podría poner como excusa el alcohol y exagerar diciendo que me encontraba mal, aunque me sentía flotar cada vez que acariciaba a mi amiga por la espalda donde sabía que le encantaba, o nos abrazábamos muy fuerte en broma (aunque en broma yo sentía su pubis clavarse en el mío cada vez) y todo esto era muy frecuente mientras bailábamos canciones muy animadas. Llegó un punto en el que ya no podía más, y le pedí que me acompañase fuera y no sé si por amistad, porque creyó que estaba muy achispada, porque lo deseaba o porque se intuía algo, no lo pensó ni un segundo, cogió la chaqueta y quedamos con los demás de volver en un rato, poniéndome a mi de disculpa para ver si me despejaba.

Una vez fuera, un poco alejadas de la fiesta y rodeadas de mediana oscuridad, le dije: yo no sé si es el alcohol o soy yo, pero me muero por darte lo que habíamos hablado por el messenguer. No dijo nada, simplemente mirándome a los ojos, posó su mano en mi hombro, subió con ella lentamente por mi cuello y cogiéndome finalmente de la nuca, puso sus labios sobre los míos, sin prisas, en un beso que le correspondí inmediatamente, separando mis labios y enlazando mi lengua a la suya en una suave lucha húmeda, rompiendo cualquier tipo de barrera que pudiésemos tener.

Nuestros labios se entremezclaron por un gran tiempo, sin que ninguna de las dos quisiese poner fin a ese prolongado beso, acompañado de nuestras manos empujando por acercar nuestros cuerpos para fundirlos en uno solo. Mientras alargábamos nuestro erotizante beso, le acariciaba la cabeza, ese pelo liso y esa nuca tan deseada, me debatía entre las ganas de morderle suavemente el cuello muy cerca de su oreja, y seguir besándola, pero el miedo a que quisiese detenerse ahí me impedía hacer nada más. Su sabor era muy agradable, un poco matizado en mi, por el sabor del alcohol que me acompañaba, pero la sensación de suavidad de esos labios carnosos estaban encendiéndome como puro fuego.

Con todo el deseo que se estaba despertando en mi, ya mis manos no quisieron parar solo en su espalda y cabeza, apreté en una caricia redonda su culo, durito y suave como siempre supe, mientras sentía sus pechos pegados a los míos y nuestra respiración mezclada con nuestro beso, se agitaba y aceleraba por instantes. Cuando pusimos fin a nuestro beso, le dije que me había encantado y no quería parar aquí. Ella asintió y me comentó que nos alejásemos un poco más, pues por la proximidad al local podíamos estar dando un buen espectáculo.

Caminamos un trocito de camino entrelazadas por la cintura hasta que nos detuvimos en una pradera de mutuo acuerdo. Me miró de frente se me acercó al oído y me dijo, nunca jamás pensé que esto iba a suceder así, pero ahora que ha pasado, me encanta y quiero decirte que me tienes hechizada, lamento no disponer de un lugar más adecuado, pero siento que necesito hacer el amor contigo aquí, esta noche…. No pude más, sólo sentir su aliento entre mi oído y mi cuello me enloqueció, pero con lo que me acababa de decir….. ya era completamente suya, no podía esperar más.

La besé nuevamente y comencé a besar su cuello, por fín!! Mientras le propinaba pequeños mordisquitos, ella me tenía cogida con una mano por el culo y con la otra subía y bajaba a lo largo de mi espalda, mientras no podía evitar gemir al roce de mis labios y dientes en su cuello. Sentirla así, vibrando conmigo y gracias a todo lo que le estaba haciendo, me tenía loca, no podía pensar en mi propio deseo, quería satisfacerla completamente y separándome un poco de ella desabroché sus pantalones e introduje una mano dentro de sus vaqueros y su ropa interior y bajé hasta su sexo.

No tengo palabras para describir lo muy caliente y húmedo que lo sentí. Con un dedo rocé sus labios, lo que provocó que ahora fuese ella la que jugaba con mi cuello y comenzase a introducir sus manos bajo mi camiseta acariciando mis pechos y liberándome de todo. Seguí jugueteando con mis dedos en sus labios inferiores entre pequeños gemiditos mutuos, hasta que introduje un poco mi dedo dentro de su sexo para empaparme con sus jugos y de ahí subir sabiamente hasta el montecito endurecido de su clítoris.

Se estremeció. Me miraba con una mezcla de deseo y lujuria contenida como jamás le había visto en esa carita tan dulce. Sus labios ligeramente separados estaban hinchados y aunque me costó mucho renunciar a sus caricias me dirigí con mi boca al lugar que antes ocupaba mi mano. Por ser mi primera vez con una persona del mismo sexo, me encontraba aparte de verdaderamente excitada, muy nerviosa y aunque jamás había tocado a otra mujer yo como tal, sabía perfectamente los lugares idóneos para comenzar, disfrutando y acabar explotando en el más ardiente de los orgasmos.

Al acercarme a su sexo me invadió un aroma para nada desagradable y sin poderlo evitar mis labios y mi lengua se dirigieron directamente al clítoris. El gemido fue contenido pero resonaba en mi cabeza mucho después de haber pasado. Bajé y quité su ropa de cintura para abajo mientras ella continuaba de cintura para arriba quedando todo de colchón, pues acto seguido nos tumbamos entre caricias y besos, pidiéndome al oído que fuera suave con ella.

Siempre seré suave contigo mi amor y acto seguido descendí a ese monte de venus, depilado a la perfección. Me había gustado el aroma y esta vez separando un poco más sus piernas me dediqué al movimiento de entrada y salida en su sexo con mi lengua. Lo hacía despacio, saboreando el momento de sentir sus leves convulsiones por el contacto con mi lengua. De vez en cuando la miraba a la cara y veía sus ojos entrecerrados y sus manos en sus pechos.

Jugué lo que quise rodeando sus labios mayores, ascendiendo a su clítoris e introduciendo un dedo en ella. Su cuerpo se arqueaba y relajaba al ritmo de mis caricias hasta que me pidió que aumentara el ritmo. Sabía que se iba a correr, era cuestión de tiempo, así que concluí con mis labios y mi lengua en su clítoris y mi dedo corazón moviéndose en círculos dentro de su vagina.

La explosión fue monumental, no pudo contener los gritos de placer mientras me cogía por la cabeza, asida fuertemente a mi pelo y empujándome hacia ella. A pesar de su orgasmo seguí en su sexo, quería seguir disfrutando su néctar, libando directamente de la fuente de mi lujuria, y continué lamiendo, mordisqueando y chupando hasta que me atrajo hacia ella. Nos abrazamos y mientras me acariciaba los pechos bajó su mano y ahora era ella la que me tocaba a mi. Se sorprendió, entre ronroneos de mi humedad y comentó ¡cómo estás………! pobrecita mía, ahora te toca a ti.

No iba a tardar en tener un orgasmo, lo sabía porque prácticamente apenas me rozó sentí como un calambre estremeciendo mi abdomen, le pedí que no me hiciera sufrir con mucha lentitud pues necesitaba sentirla, estaba que no podía más. Lo entendió y con su lengua en mi sexo hizo maravillas. ¿Llegué a los 5 minutos? No sé el breve espacio de tiempo que transcurrió, pero un calor enorme me inundó y un placer apenas descriptible me recorrió el cuerpo en un gran momento, mientras sentía como pequeños espasmos se apoderaban de mi sexo, por el que todavía recorría su lengua, sus manos, su todo.

La miré y le indiqué sugerentemente que se acercara a mi cara apenas con un dedo. Fue genial verla ascender a besitos por mi cuerpo desnudo detenerse en mis pezones y acabar en un beso enorme en mis labios. Me dijo; perdona pero no te he podido dedicar todo el placer ni el tiempo que te mereces. Le respondí; ni yo a ti mi diosa, me has hechizado y mientras continuaban nuestras caricias y le mordisqueaba el lóbulo izquierdo de su oreja le comenté, eres el fruto de mi mejor sueño…

preservativos para follar

Jueves, Agosto 21st, 2008

Son muchas las mujeres que albergan una fantasía erótica recurrente en ellas: follar o ser follada por otra mujer, aunque desdichadamente son pocas las que se atreven o tienen la posibilidad de llevarla a cabo. Soy Pancho Alabardero, tengo casi cuarenta años, vivo en Madrid y estoy creando el “Circulo del Sexo con Imaginación” es decir aquellos que idolatramos al Dios Caballo, montar o ser montada a caballo, sobre una o por una, yegua Alazana.

Aquí les ofrezco el relato de una distinguida dama miembro del Círculo. Que lo disfruten.

Hola, soy Mariela, tengo cuarenta años y un marido forofo (hincha-fanático) del Barcelona. Se dirán ustedes que nada de eso tiene especial relevancia, pero se equivocan, lo que tiene mucha, muchísima relevancia es que mi marido es forofo del fútbol. Como además gozamos de buena posición y él tiene un buen trabajo y facilidad para hacer amigos, o mejor dicho, amigotes, pues es miembro de una peña, que él mismo ha fundado junto a otros forofos del Barcelona, además de tener un cargo honorífico en la directiva del club, y eso claro tienen sus consecuencias: cada dos por tres me deja sola en la Ciudad Condal porque él y los miembros de la peña se desplazan a pasar el fin de semana a la ciudad donde juega su equipo del alma.

Esto, con ser mucho, no lo es todo, porque como además el equipo juega la Liga de Campeones, pues de vez en cuando y hasta que lo eliminan, porque los muy zánganos al final la pifian, entre semana se larga a una ciudad de Europa para seguirle en sus desplazamientos, no sea que si les falta el aliento de sus aficionados vayan a perder el partido y luego le echen la culpa a la peña de mi marido.

Claro, con tanto desplazamiento y tanto quedarme sola, pues con el tiempo he ido haciendo amistad con otra esposa de otro forofo de la peña de mi marido. Se llama Aurora, tiene unos cinco años más que yo y de vez en cuando, cuando ellos se largan, aprovechamos y salimos juntas a tomar una copa, a escuchar música y a despellejar a nuestros maridos.

Hace unos dos años que nos conocemos y más o menos hace un año que cuando ellos se largan, nosotras quedamos para salir juntas. La cosa dirán ustedes que tampoco tiene excesiva relevancia, porque casos de esos y forofos como mi marido y el marido de Aurora los tienen todos los equipos de fútbol de España y más o menos todos hacen lo mismo, pero si piensan eso, también se equivocan, o mejor dicho, se equivocan de plano, porque estoy segura que no a todas las esposas de forofos de equipos de fútbol les ocurre lo que me ocurre a mí.

¿Y qué es lo que me ocurre a mí y que no les ocurre a las demás esposas de forofos de equipos de fútbol?, Pues que Aurora, cuando nuestros maridos se marchan y salimos juntas por la noche a tomar una copa, escuchar música y despellejar a nuestros maridos, además, me mete mano.

Hace una semana nuestros respectivos esposos decidieron sacarnos a cenar los cuatro juntos a un restaurante de prestigio, de esos que comes poco y pagas mucho. Según parece el equipo no jugaba porque jugaba la selección y ellos no parecen que sean muy dados a la selección, porque de lo contrario, también nos quedaríamos en casa. Bueno, el caso es que quedamos en que pasaríamos a recogerlos a su casa y después, los cuatro en el mismo coche a un restaurante de la costa barcelonesa.

Subimos al piso de Aurora y de su marido y nada más entrar me dice su marido: -Pasa a la habitación. Mi mujer se esta vistiendo y me ha dicho que cuando llegaras que pasaras para aconsejarla-.

Vestir, vestir, la verdad es que no se estaba vistiendo. De hecho estaba en pelotas y eso sí, mirándose a ver si los pendientes le hacían juego con el anillo. El caso es que la apremié porque nuestros maridos nos estaban esperando y a regañadientes se vistió, aunque no se puso bragas. Bueno no sólo es que no se pusiera bragas, es que me metió mano y me quitó las mías.

-Hoy nos vamos las dos sin bragas- me dice toda contenta a la vez que me soba el culo.

La cena fue más o menos lo esperado, mucho perifollo pero poco condimento. Estos cocineros de la costa son unos genios, te sirven croquetas rellenas de aire y te cobran como solomillos, pero nada que decir. Todo de primera clase y con mucho glamour. Al final de la cena y mientras nuestros maridos baboseaban hablando de fútbol con el dueño del restaurante, Aurora se me acerca al oído y me pregunta en voz baja: -¿Vienes al servicio?- -No- le dije lacónicamente.

-Ven- me insiste -quiero darte una cosa-.

Bueno, me fui con ella. Inocente de mí, creí que lo que quería darme eran mis bragas, pero lo que quería darme era un buen repaso, y me lo dio, vaya que si me lo dio. Entramos a los servicios que como correspondía a un restaurante de lujo eran cabinas independientes y amplias, echó el pestillo, se arrodilló, me subió las faldas, hundió sus labios en mi chocho y con la lengua me hizo una mamada bestial.

Yo había bebido algo de vino en la cena, había cenado agradablemente, y había pasado una confortable velada, de modo que su mamada me cogió de sorpresa y con buen ánimo, así que en unos minutos me eché una corrida que todo mi cuerpo vibraba de espasmos de satisfacción. Aunque para satisfacción la de Aurora, que se incorporó, me compuso el vestido, se alisó el pelo y me sacó nuevamente al comedor. Yo estaba como sonámbula y no sabía cómo reaccionar, sólo sabia que Aurora me había echado un polvo de puta madre y que hacía conmigo lo que quería, cuando quería y como quería.

Hasta aquí hemos llegado. Ese domingo planifiqué minuciosamente los pasos a seguir. Sabía que el lunes a primera hora me llamaría al trabajo y que trataría de engatusarme con otra treta para que en cuanto me confiará echarme otro polvo.

-Hola cielo ¿cómo estas?- me dice el lunes muy a primera hora, casi sin darme ni tiempo para encender el ordenador del trabajo.

-Muy bien Aurora, pero apenas te voy a poder atender porque tengo mucho trabajo. ¡Ah!, por cierto, este fin de semana no quedes con nadie porque nos vamos las dos a París. Dile a tu marido lo que quieras, pero el viernes a las cuatro de la tarde te quiero ver en el Aeropuerto-.

Esta toma de decisión mía la desconcertó. Se pasó la semana llamándome y dándome la matraca de lo que íbamos hacer y del por qué había decidido irnos solas a París.

-Mujer es que es la primera vez que salimos solas de viaje- me dice una de las veces escamada por mis intenciones.

-También es la primera vez que una mujer me echa un polvo, pero si no quieres pues lo anulo- le contesté expeditiva.

-No mujer, no, sólo es que me has cogido de sorpresa, pero me apetece mucho pasar un fin de semana las dos solas en París- y así lo dejamos.

Esa semana tuve muchas tareas que resolver. La primera hacerme con un consolador para lesbianas, de esos que vienen con correas para sujetarlo entre las piernas y hacer de hombre. Usé de mis mañas y conseguí tres modelos a cuál más erótico y sofisticado para elegir el que más se adaptara a mis necesidades. No tuve mucho que decidir, eche los tres a la maleta, aunque me surgió una duda -¿se podrán utilizar directamente o se necesitará una crema suavizante?- lo mejor será llevarme unos preservativos que ya vienen lubricados y si viene al caso, pues los enfundo con un condón, de modo que como no tenía condones ni tiempo para hacerme con ellos, se los pedí a mi marido.

-Consígueme una caja de condones- le dije como no dándole importancia alguna, vamos como si le pidiese pasta para los dientes.

-¿Para qué quieres condones?- me preguntó un tanto perplejo.

-¿Para qué van a ser? Condones para follar- le contesté de lo más natural.

Él ni dijo ni se atrevió a preguntar nada, sólo se limitó a cumplir el mandado. Salió a la calle y al cabo del rato me entregó el envoltorio. Yo lo metí en la maleta y no hablamos más del asunto.

Ese viernes puntual a la cita en el aeropuerto llegaba Aurora, escamada, precavida, pero ansiosa. De qué ira esto, supongo que estaría pensando ella, porque además yo llevaba la iniciativa de todo, contrariamente a lo que hasta ahora era lo normal.

Llegamos al lujoso hotel Ritz de París situado en La Place Vendome ya casi anochecido. Un breve tramite en recepción, porque todo estaba convenientemente reservado y derechitas a la habitación.

-¿Te deshago la maleta?- me preguntó Aurora un tanto retraída. Le dije que sí y mientras salía a la terraza a ver la ciudad. Al ratito oigo sus pasos que se acercaban hacía mí. -¿Qué vas hacer con esta polla de látex?- Me preguntó sorprendida por el hallazgo.

-Metértela- le contesté tranquila y descarada. Ella se quedó un rato en silencio mirando el artilugio y por fin me contesta: -¿Y a qué esperas?- -A que deshagas las maletas- le dije como metiéndola prisa.

-Las maletas pueden esperar, pero yo no- me dice la muy puñetera.

A pesar de intuir lo que se le venía encima seguía retándome, de modo que cogí el aparato y con habilidad me lo enfundé entre las piernas, también rescaté del fondo de la maleta unas bragas de látex negras, unas botas negras de tacón alto, un látigo, unos guantes negros y un antifaz de cuero negro, vamos un equipo completo de sadomasoquismo. Ella no daba crédito a lo que estaba viendo y la verdad es que yo tampoco, pero continué con la puesta en escena.

La tumbé en la cama, la puse en pelotas y me la monté. La tía gemía y se retorcía enfurecida, como si fuera la primera vez que una mujer la estaba follando, aunque así era. Entre gemidos de gusto, de dolor y de sorpresa se iba desahogando y diciéndome todo lo que siempre quiso decirme. Que no era lesbiana, pero que yo la ponía muy cachonda. Que nunca antes había tenido relación alguna con mujeres, pero que esperaba que no fuese la última. Que ardía en deseos de follarme y que se moría de gusto de que la estuviese follando. De que se la metiera toda. De que hiciera con ella lo que quisiera, que era mi esclava, de que se había enamorado perdidamente de mí y de que sentía una atracción brutal por mi cuerpo, vamos, lindezas de esas que se dicen cuando la pasión arde dentro de ti.

Y en esas andábamos cuando entre suspiros, espasmos y balbuceos casi se me desvaneció. Se me había corrido como una adolescente, como si ésta fuese la primera vez, aunque quizás era la primera vez que tenía un orgasmo tan diferente. Mi plan era mucho más completo y no acababa aquí, de modo que quise llevarlo hasta el final y la puse a cuatro patas encima de la cama. Se la metí por el culo y noté que la estaba haciendo daño. Podía seguir cuanto quisiera, porque ella estaba entregada y sumisa, quizás no disfrutaría, pero seguro que no decía nada. Creí que no merecía la pena seguir con algo que no la satisfacía y por primera vez me di cuenta que esta persona me quería, y que incluso se dejaría humillar si yo se lo exigía, de modo que se la saqué, le di un beso, le acaricie la mejilla y la dejé que tomara aliento.

No necesitó mucho, porque a continuación fui yo quien se abandonó y adopté el papel que siempre había adoptado, el de sumisa e indefensa que se deja hacer. Ella no tardó en reaccionar, se enfundó aquel consolador, le cambió los condones y me la metió. No se puede decir que yo me considerase tardona, pero con mi marido la cosa nunca estaba para monear porque si te descuidas te quedas en albis. No, no es que mi marido sea un eyaculador precoz, pero podría decirse que sí es un aventajadillo, pero con esta polla y Aurora manejándola podía recrearme tranquilamente. Sin problemas de tiempo ni de flacideces. Aurora sabía exactamente cómo actuar, el ritmo preciso y el lugar adecuado.

Si el polvo anterior fue violento, ardoroso, furioso, lleno de lujuria y de pasión, este era justo lo contrario, lleno de ternura, caricias, besos, abrazos y susurros, susurros de amor recitados bajito, muy bajito al oído, pero el final… eso amigos, no, eso, fue como el primero: temblaba hasta la lámpara de estilo Luis XIV que colgaba del techo de la habitación del hotel y es que mi chica, mi Aurora, mi cómplice que me venía acosando desde hacía más de un año, sabía lo que quería, que no era otra cosa que follarme y esta noche por fin, tenia la recompensa que hacía un año llevaba buscando.

Al regresar, nuestros respectivos maridos nos estaban esperando en el aeropuerto con un ramo de flores cada uno. Estaban mosqueados con el viajecito y nada más llegar a casa y empezar a deshacer la maleta, mi marido, como haciéndose el despistado va y me pregunta: -¿Te han sobrado condones?-.

-Sí- le contesté a la vez que saqué de la maleta una caja de doce donde creo que quedaban un par de ellos sin usar. Se la entregué, le hice un guiño de complicidad y le dije: -Por cierto, la próxima vez me compras la caja de doce. Las de seis no dan para nada. Me he tenido que comprar otra-. La abre nervioso y cuenta los que quedan dentro.

-Has utilizado los seis de la otra caja y diez de esta- dice con voz baja y temblorosa.

-Que brutas- pensé para mí. Nos hemos pasado el fin de semana follando.

A partir de ese día no ha mostrado el más mínimo interés en planificar ningún otro viaje con la peña para ver los partidos del Barcelona y se ha comprado unas guías de turismo. Hoteles con Encanto, Casas Rurales, Hoteles con Chimenea y mariconadas de semejante porte. Ya me ha propuesto salir el próximo fin de semana a pasarlo los dos solos en el que más me apetezca.

Aún no le he dicho que sí, porque Aurora también me ha llamado y me ha propuesto repetir la experiencia. Estoy dudando qué oferta aceptar, pero como dice el refranero español: más vale tener dos ofertas y despreciar una, que no tener ninguna.